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15 de enero santo Cristo negro de Esquipulas…

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JESUS SACRAMENTADO

GUATEMALA,GUATEMALA

jesussacramentado044@gmail.com

Himno de la Visita del Papa Benedicto XVI a México.

Intenciones del Santo Padre para Marzo 2012:

 

Intención General

Para que las naciones de América Latina puedan caminar en la fidelidad al Evangelio y sean pródigas en la justicia social y la paz.


Intención Misionera

Para que el Espíritu Santo dé luz y fuerza a las comunidades cristianas y a los fieles perseguidos o discriminados a causa del Evangelio en tantas regiones del mundo.

 

Paginas Amigas:

Hermandad del Divino Justo Juez y Virgen de dolores de Quetzaltenango pagina web:

www.hermandaddeljustojuez.org

MENSAJE DEL SANTO PADRE 
BENEDICTO XVI 
PARA LA CUARESMA 201
2

 

«Fijémonos los unos en los otros 
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
 (Hb 10, 24)

 

Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en laesperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

Mensaje del Sr. Arzobispo Excmo. y Revmo. Mons. Oscar Julio Vian Morales

 

“En la muerte de Cristo la muerte ha sido vencida 
y en su resurrección hemos resucitado todos” (Prefacio de Pascua II)


Queridos hermanos y hermanas:


La Cuaresma es como un extenso retiro espiritual en el que la Iglesia se prepara durante cuarenta días para la celebración del Triduo Pascual: pasión, muerte, sepultura y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. En ella, se puede decir, se realiza un camino de maduración de la existencia humana que nos lleva a la confrontación de nosotros mismos con la Palabra y los Sacramentos, para llegar así a la Promesa de la Redención y la realización del Reino de Dios.

En la Biblia el numero cuarenta tiene mucho significado: el diluvio duró cuarenta días (Gn 7,17); cuatrocientos fueron los años que estuvieron los hijos de Jacob en Egipto (Gn 15,13); Moisés y Elías llegaron al encuentro con Dios después de una purificación de cuarenta días y cuarenta noches en la montaña (Ex 24, 12-18; 1 Re 19, 3-8); el pueblo liberado de la esclavitud alcanzó la promesa tras un largo éxodo por el desierto que duró cuarenta años (Dt 1, 1-3; 8, 2-15). Jesús mismo vivió la cuaresma (Mt 4,2).

Junto a la Cuaresma se ordenan una serie de símbolos cargados de significación: el desierto, las pruebas de la fe, la Promesa de la tierra nueva, la esperanza, la liberación, la purificación del hombre, la Alianza, el encuentro del pueblo con su Dios, etc. todo esto nos indica, como reza el prefacio V de cuaresma, que “es un camino de nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que lleguemos a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado,  y así reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir su nombre, escuchar su Palabra y experimentar con gozo sus maravillas.”

Nos dice el Santo Padre en su mensaje para la Cuaresma de este año: “Este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.”

Para este año he querido tomar como centro del mensaje de la Pascua estos versos del segundo prefacio pascual, porque en verdad es justo y necesario dar gracias a Dios, porque muriendo destruyó la muerte y resucitando nos dio nueva vida. Todos somos partícipes de esa resurrección, y cabalmente es el objetivo propio de la cuaresma, prepararnos para morir el hombre viejo  y renacer a un hombre nuevo. Abandonar nuestra vida de pecado y renovarnos interiormente. Cristo que es la luz del mundo, que alejó las tinieblas del pecado y de la muerte, nos alumbra con su luz y revestidos de gracia y santidad, por el bautismo,  somos enviados como discípulos y misioneros a  anunciar la alegría de la salvación.


“En la muerte de Cristo la muerte ha sido vencida”

El Misterio Pascual es el culmen de la revelación cristiana. El relato de la pasión, muerte y resurrección del Señor ocupa un lugar extenso en los cuatro evangelios. Es la parte más dominante. Desde muy pequeños se nos ha enseñado la vida de Jesús, y sobre todo en nuestro país, donde la piedad popular es muy fuerte, niños y jóvenes conocen a Jesús, sobre todo en su pasión, no así en el resto del ministerio público de Jesús.

Este Misterio Pascual constituye el núcleo de predicación cristiana desde los comienzos. Incluso, en nuestros días los retiros espirituales que se realizan en las parroquias y movimientos laicales siguen este  esquema. Es muy importante resaltar que todos los relatos de Pasión expresan  la fe de la Iglesia en el designio salvador de Dios.

Jesús, en la Última cena, manifestó claramente que su muerte iba a ser un sacrificio por los hombres y que constituiría la Nueva y eterna Alianza entre Dios y el Nuevo Pueblo, que es la Iglesia.  Como en el monte Sinaí, la sangre de las víctimas selló la alianza de Yahvé con su pueblo, así también, sobre la Cruz, la sangre de la víctima perfecta, Jesús, va a sellar entre Dios y los hombres la Alianza Nueva.

En la Pasión y muerte del Señor se cumplieron todas las profecías sobre el Mesías Salvador. Este relato no se puede separar del de la resurrección porque Cristo va a triunfar. A los ojos de los que le rodeaban parecía una derrota y un fracaso, pero nunca estuvo tan cerca del triunfo definitivo como entonces. La Pasión es el camino de la Gloria. La pasión y muerte hace posible la gloria de la resurrección. Cuántas veces en la vida experimentamos este misterio, sufrimos, como Cristo, la pasión, el camino de la cruz, la enfermedad, las tribulaciones, las preocupaciones, pero luego encontramos la gloria y la paz.

Queridos hermanos, la cuaresma es el camino de la cruz, también nosotros tenemos que subir al monte del calvario y morir. Morir a tantas situaciones del pecado que nos alejan de Dios, morir a nuestro orgullo, la vanidad, el querer ser más que los demás, la autosuficiencia, el deseo de aparecer y muchas realidades de pecado tan existenciales. Cristo, en el árbol de la cruz venció la muerte.

La muerte y el pecado ya no tienen más poder sobre nosotros, somos libres de la esclavitud del pecado. Esta es una realidad que debemos llevar a la práctica. Aunque nuestro pueblo ha sufrido tantos años de conflicto armado,  aunque la violencia nos azota cada día más, aunque la cultura de la muerte nos rodea, aunque los malvados, extorsionadores, narcotraficantes y secuestradores cada día hacen de las suyas, ellos ya no tienen más el poder. Cristo es el único que triunfa sobre la muerte, y nosotros no pertenecemos a la muerte, sino a la Vida misma que es Cristo. Como los discípulos, también nosotros no entendemos la muerte, no entendemos estas realidades, lo entenderemos al ver a Cristo resucitado.


“…y en su resurrección hemos resucitado todos”

En cada uno de los Sacramentos, especialmente los sacramentos de iniciación cristiana a los que se preparan nuestros catecúmenos,  se actualiza este misterio Pascual. En el bautismo somos sumergidos en el agua, para ser purificados del pecado y, por el agua y el Espíritu, renacemos a una vida de gracia; en la Eucaristía actualizamos el sacrificio redentor de Nuestro Señor en la cruz, un sacrificio no cruento, el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor; en la Confirmación somos ungidos como otros Cristos – Ungidos confirmamos, libre y conscientemente, la fe en Cristo Jesús.  Esto quiere decir que por los sacramentos somos partícipes de una vida nueva, que en la resurrección de Cristo, todos hemos resucitado.

El termino resurrección hace referencia a la acción de resucitar, de dar nuevo ser o nueva vida. Jesús señala en el Evangelio: «Yo soy la resurrección y la vida. El que vive en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11:25). Jesús señala que quienes creen en él son ya nuevas creaturas.

La resurrección  es pues, el centro y piedra angular de la fe cristiana, tal como lo afirmó san Pablo: «Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también nuestra fe» (1 Cor 15:14). Jesús no es un fantasma, no es un cuerpo revivido como el de Lázaro, no es ficción y tampoco es una pantomima. Cuando decimos que Cristo vive, afirmamos verdaderamente un hecho histórico que dividió la historia, un hecho trascendental para toda la humanidad.  Cristo vive  en medio de nosotros y vive para siempre, con un cuerpo transformado y glorificado.

Queridos hermanos, hoy más que nunca tenemos que dar a conocer esta gran noticia, Cristo está en medio de nosotros, hemos sido partícipes de su naturaleza divina, participamos de su propia vida. No somos seres extraños o malignos. Al contrario somos hijos amados de Dios, esta gracia tiene un primado absoluto en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

Pero sucede, queridos hermanos, que muchas veces en el ejercicio de nuestra propia libertad rechazamos esta vida nueva que Cristo nos da. El pecado, en sus múltiples manifestaciones, nos aparta del camino de la vida y nos conduce a la esclavitud, la muerte y la destrucción. Por eso, la invitación para esta Cuaresma - Pascua es a la conversión, que nos hace participar del triunfo del Resucitado e iniciar un camino de transformación.

Jesucristo es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria. Dice Jesús: “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10).  Su amistad nos hace que renunciemos a la vida de pecado, al adulterio, la fornicación, la pornografía, soberbia, gula, lujuria, drogas, alcohol, porque Él quiere transformar toda nuestra realidad, para que alcancemos la plenitud de vida en todas sus dimensiones: personal, familiar, social y cultural.  Por ello, hemos de iniciar este camino de cuarenta días con entusiasmo y alegría, para que transfiguremos los  variados aspectos de nuestra vida. Sólo así se hará posible percibir que Jesucristo es nuestro salvador en todos los sentidos de la palabra. Sólo así, manifestaremos que la vida en Cristo sana, fortalece y humaniza. Porque Él es el Viviente, que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta. “La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signo de su amor sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud sincera.” (DA 355).

Finalmente, somos invitados a resucitar con Cristo

Hermanos, aceptemos la invitación de Cristo el Señor, para resucitar con él. El ciclo litúrgico Cuaresma – Pascua es un tiempo hermoso. La naturaleza, la gastronomía, la música, el ambiente nos dice que es un tiempo de Gracia, no lo dejemos pasar sin provecho. Profundicemos, convirtámonos, volquemos nuestra mente, corazón y sentimientos a Cristo. No pongamos resistencia a su Palabra.
Esta Cuaresma y Semana Santa veremos multitudinarias y majestuosas manifestaciones de fe, los solemnes cortejos procesionales, velaciones, unciones, conciertos de marchas, etc. no nos quedemos en ¡qué bonito!, como María, nuestra Madre: ¡hagamos lo que él nos dice! ¡Guardemos y meditemos su Palabra en nuestro corazón! para que la Pascua sea de provecho para la Iglesia y para nuestra Patria. Que sean verdaderas catequesis vivientes para los niños y jóvenes, que han de conocer a Jesús, no como una imagen, sino como un amigo de verdad.


Ante una Guatemala que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor; con mis mejores deseos de una santa y fecunda Pascua; y junto al Santo Padre de corazón les imparto mi bendición.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Nueva Guatemala de la Asunción, 22 de  febrero de 2012 Miércoles de Ceniza


+ Oscar Julio Vian Morales, sdb
Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala

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